Presentación de La igualdad en rodaje, de Octavio Salazar Benítez

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La Igualdad en Rodaje (Masculinidades, Género y Cine)

Autor: Octavio Salazar Benítez

Editorial: Tirant Lo Blanch

Páginas: 374

Publicación: 2015

 

      Soy un hombre machista.

     O, al menos, lo he sido, y desde hace ya tiempo lucho por erradicar todo posible resabio que, casi con toda seguridad, aún puede quedar en mí al respecto. Y confesarlo así en público –puedo asegurarlo- me ha sido mucho más fácil de lo que fue ir admitiéndolo ante mí mismo a solas: diagnosticármelo. Sigue leyendo

Días de lluvia

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     Ha amanecido lloviendo casi toda la semana, y he pasado las mañanas leyendo y vigilando, de reojo pero con atención, los avatares del cielo, a ratos movedizo e inquieto por un viento que apresura las nubes, a veces estancado hasta cristalizar en una inmensa bóveda sin marcas, inconsútil y estática. En esos momentos embruma la mañana el paisaje y deroga las colinas de mi ventana, así como los almendros que trepan por ellas, y que ya dan desde hace tiempo su falsa alarma malva de primavera. Atosiga en ese momento un poco el mundo angosto que deja la neblina, reduce la realidad: no es bueno pensar en esos días, no se ve esperanza, no se ven salidas, sólo se puede meditar en corto y atender lo inmediato y urgente. No obstante, sé que cuando escampe, el cielo claro devolverá un paisaje mucho más limpio y fidedigno. Sigue leyendo

El fin de la clase media, Esteban Hernández

 

EL FIN DE LA CLASE MEDIA

 

 

EL FIN DE LA CLASE MEDIA, Esteban Hernández

Año de publicación: 2014

Nº de páginas: 396 págs.

Editorial: CLAVE INTELECTUAL

     Mucho se ha hablado y discutido sobre la clase media, pero al profano en sociología le resulta discutible, o al menos a mí así me lo parece, que los valores y visión del mundo aquí tratados sean distintivos de ese estrato social: lo digo porque en mi casa también se compartieron siempre, y yo no provengo de la clase media, sino de la obrera o trabajadora (mi padre era tornero mecánico y mi madre le ayudaba en el taller). Ahora que he tenido la fortuna de haber pasado de una a otra, estoy bastante seguro de que ambas no son ni mucho menos lo mismo: y es que, en la medida en que como profesor funcionario se me puede adscribir a esas capas medias (aunque sea pese a mi desgana y sin que yo comparta la mayoría de sus valores y aspiraciones: soy un desclasado), puedo dar fe de que, aun sin abundancias de ningún tipo, mi hija, mi pareja y yo podemos vivir con mucha mayor holgura económica (al menos hasta hoy…) de la que, desgraciadamente, disfrutaron mis padres. De hecho, la existencia de esa diferencia es ahora una convicción que empecé a intuir cuando fui al instituto a estudiar bachillerato: allí muy pronto se me hizo saber que yo provenía de otro estrato. En Guadaluz, aquellos a lo que llamábamos, con ya casi curioso arcaísmo, pijos, y que en este pueblo modesto no eran más que los hijos de la clase media residente en el centro o al menos entre los límites del casco urbano tradicional, tenían por padres médicos, abogados, empleados de banca o maestros de escuela: en un lugar sin demasiados potentados, la clase media constituía, en realidad, la élite, y ser un simple funcionario del hospital ya te abría sus puertas doradas, te daba acceso, por ejemplo, a las compañeras de clase más guapas y codiciadas: al menos a que te dirigieran la palabra. Los hijos de clase obrera, en cambio, bajábamos, en su mayoría, de Gargallo, de aquel ensanche del pueblo levantado lejos del centro, hacia el este, en los alrededores de la estación de ferrocarril, primero con casas ralas y desorganizadas y luego mediante cooperativas de viviendas o barriadas de protección oficial, todo más allá del cinturón de las huertas, de tanta fama y necesaria preservación, y que acabaron quedando como una amplia faja de tierra de nadie entre el centro y aquellos nuevos asentamientos, imposibilitando para siempre su ensamblaje. Y así era como, cada mañana, los hoscos habitantes de aquel extrarradio descendíamos por un camino estrecho de tierra llamado Senda del Medio, que atravesaba las huertas con el frescor rumoroso de las acequias de fondo y los hortelanos faenando ya temprano, deslizándonos como germanos sigilosos entre la fronteras siempre permeables del imperio romano, y con la obligación de hacernos perdonar cada día ante nuestros compañeros de la élite aquella procedencia ignominiosa.

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Futuros

futuro

 

 

El descubrimiento del futuro, Lucian Hölscher

Editorial: Siglo XXI de España

Traductor: Carlos Martín Ramírez

N.° páginas:     240

Año edición:   2014

 

La paternidad agudiza, o hasta sencillamente crea e induce, la preocupación por el futuro. Cuando se tienen hijos, uno comienza a pensar ya a largo plazo, y hasta se angustia por lo que puede suceder más allá de su propia vida. Así es como he dado en interesarme por este libro, El descubrimiento del futuro, que no emite pronóstico alguno sino que es una especie de biografía del futuro, una investigación de cómo a lo largo de la historia el ser humano ha ido pensando de muy diversas maneras el tiempo que tiene por delante. Sigue leyendo

John Maynard Keynes, de Robert Skidelsky

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JOHN MAYNARD KEYNES,

Robert Skidelsky.

RBA LIBROS, 2013

1120 págs

Que el autor de la Teoría general orinara en público por la calle con toda desfachatez en alguna ocasión o que se dejara meter mano en el patio de butacas de una ópera -complaciéndose además al notar que andaba cerca cierto personaje de renombre que contaría el asunto y le daría mala fama-, o que se pavoneara en su correspondencia consignando con precisión el número de coitos mantenidos con su amante el pintor Duncan Grant, son lances o detalles que pueden sorprender al aplicado estudiante de economía o al lector más incauto, pero que resultan muy útiles para desmitificar al personaje. No en vano esta desacralización se antoja casi imprescindible para la cabal comprensión de cualquier personaje, por muy eminente o solemne que se lo suela presentar, pues, según ya advertía Thomas Bernhard en Maestros antiguos, “como a la gente le resulta demasiado difícil respetar y estimar, admira: eso le cuesta menos, […] la admiración es propia del tonto”[1]. Sigue leyendo

Finales

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Muy probablemente no haya nadie en toda la comunidad educativa con más ganas que yo de coger las vacaciones. Y, sin embargo, cada final de trimestre o de curso, particularmente en la tarde del último día, acaba abatiéndome con puntualidad una melancolía levantisca y difícil de sofocar. He meditado mucho sobre ella a lo largo de los años, tratando de datarla y de desmenuzar su composición con más rigor, indagándome con ahínco, y he terminado por averiguar que se trata de una tristeza antigua, emanada de las tardes extensas y perdidas de la infancia, de otros finales de curso como alumno, de un tiempo ahora ilocalizable, del desconcierto brutal que suponía la interrupción de la costumbre: hay en ella algo del desarraigo del niño que no domina los entresijos aún insondables del calendario, que todavía no se orienta en días y apenas rudimentariamente entre la sucesión machacona de las estaciones. Pero también desaguan en esta tristeza afluentes caudalosos del adolescente inadaptado y medroso que no se atrevía a encarar los cambios vertiginosos que iba experimentando en esos años, e incluso del joven universitario fieramente disciplinado y coercitivo consigo mismo, que tanto se proscribía placeres y hasta venialidades, de ese muchacho remoto con demasiado miedo a la vida y al futuro, y que en la rutina, al menos, hallaba cierta seguridad. Sigue leyendo

Tarde de otoño en Granada

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Pensaba abrir este blog con una entrada que explicara qué es Guadaluz a todos aquellos que no han leído mis dos novelas –A quienes la noche no calma y Escultor de tormentas-, pero el pasado sábado 28 de noviembre se presentó la segunda de ellas en Granada, y me apetece antes dar cuenta de ello: aunque no quedará constancia alguna ni en medios de comunicación ni tan siquiera en fotos (parece mentira que en nuestros días a nadie se le ocurriera sacar ni siquiera una foto con el móvil), lo cierto es que tardará mucho tiempo en desaparecer de mi memoria. Sigue leyendo