Futuros

futuro

 

 

El descubrimiento del futuro, Lucian Hölscher

Editorial: Siglo XXI de España

Traductor: Carlos Martín Ramírez

N.° páginas:     240

Año edición:   2014

 

La paternidad agudiza, o hasta sencillamente crea e induce, la preocupación por el futuro. Cuando se tienen hijos, uno comienza a pensar ya a largo plazo, y hasta se angustia por lo que puede suceder más allá de su propia vida. Así es como he dado en interesarme por este libro, El descubrimiento del futuro, que no emite pronóstico alguno sino que es una especie de biografía del futuro, una investigación de cómo a lo largo de la historia el ser humano ha ido pensando de muy diversas maneras el tiempo que tiene por delante.

Para empezar, resulta que el futuro no solo no está escrito, sino que ni siquiera existió en el pasado… De hecho, el autor, que parece seguir la llamada teoría Sapir-Whorf, según la cual la lengua determina decisivamente la forma de ver el mundo, hace notar que, al contrario que el latín, muchas otras lenguas contemporáneas carecían de andamiaje gramatical para expresar el futuro, indicio inequívoco de la ausencia de especulaciones de sus hablantes sobre tal asunto.

Las reflexiones de Hölscher sobre cómo hemos ido concibiendo el futuro comienzan en la Edad Media[1], y con el horizonte delimitado del torvo año 1000, fecha fijada en la cristiandad para el apocalipsis que traería el juicio final. Dado tan estrecho margen de maniobra, el hombre medieval, ante su sucinto porvenir, aventuró poco y se empleó infrecuentemente en pronósticos a largo plazo, pues el fin del mundo tenía fecha cierta e inminente. Sin embargo, cuando se cruzó la falsa meta del milenio, tan ansiada y temida a la vez, la cartografía del tiempo por venir cambió: del adventus, de la llegada del juicio final –llegada, sí, el futuro era algo que venía hacia nosotros- se pasó a un futuro hacia el que se avanzaba, subvirtiendo de esta forma el sentido de nuestra marcha sobre el tiempo.

El autor salta a continuación hasta el siglo XVIII, momento en que las dimensiones del futuro se iban ampliando y se veía en el tiempo por venir una oportunidad para el perfeccionamiento moral: parecía tan evidente que los seres humanos éramos cada vez mejores, más virtuosos, más justos, con sistemas de gobiernos (recuérdese las esperanzas que trajo la Revolución Francesa) que iban aniquilando las viejas tiranías y los abusos inmemoriales, que cuanto más durara el tiempo, cuanto más extensa fuera la vida antes del juicio final, más oportunidades tendría el ser humano de pulirse moralmente. A esta idea enseguida se arrimó, ya en el siglo siguiente, con las dos revoluciones industriales, la de progreso, de que el mundo sería cada vez mejor propulsado por los vertiginosos avances tecnológicos. Finalmente, hay que añadir la evolución científica en el propio cómputo del tiempo, una vez refutadas las mediciones mitológicas de La Biblia, especialmente con el establecimiento y datación de las edades geológicas, que ampliaban desaforadamente no solo el pasado de La Tierra, sino un futuro que ahora ya se ensanchaba y prolongaba, apocalíptico o melifluo, disparatadamente tecnificado otras veces, según el capricho de las novelas y viñetas gráficas de la época. Y entonces fue cuando el advenimiento del socialismo y la revolución, o más tarde, su antítesis, el reich de los 1000 años del nazismo, empezaron a darse por hechos…

Y, sin embargo, no es necesario que Hölscher nos diga qué ocurrió con tales augurios: hoy sabemos que todos y cada uno de estos futuros, de estas hipótesis del tiempo por llegar, de estas virtualidades tan firmes a ojos de las gentes de su época, se irían truncando sucesivamente: la de perfeccionamiento moral, con la I Guerra Mundial –y no digamos ya con los campos de concentración más tarde-; la de progreso, sobre todo, con Hiroshima y Nagasaki, pues la tecnología no traía solo comodidades y mejoras; del imperio de los 1000 años, ya es de sobra sabido su final, y, por fin, las ansias de revolución, sofocadas primero con las concesiones del estado del bienestar y las noticias que llegaban de la verdadera cara de la organización soviética (XX congreso del PCUS…), se acabaron apagando definitivamente con el desplome sordo y moroso de la URSS…

De manera que no es poco el alivio que siento ahora de sacar una conclusión obvia pero, al menos, mucho más alentadora que la que te dejé, compañero lector, en la entrada anterior: el futuro, al menos el que nosotros creemos poder ver, no deja de ser una noción interesada, una construcción artificial del ser humano de cada época, contemplado con la inevitable miopía del que está demasiado lejos para divisarlo con claridad, y hecho sesgadamente con los materiales de esa época, de sus miedos, ansias, sueños y, algo muy importante, con sus conocimientos e, igualmente, limitaciones, pero que el propio fluir de los años suele ir desmintiendo, matizando y a veces incluso desbaratando por completo, triturando expectativas irrefutables y escenarios que se preveían seguros, tanto halagüeños como apocalípticos. Así, no ya solo un determinado suceso, sino un nuevo descubrimiento científico, puede cambiar en cualquier momento nuestras expectativas sobre el futuro, y hasta el futuro mismo. De modo que quizás no acaben consumándose todas esas lúgubres tendencias que hoy se anuncian: precariedad absoluta en lo laboral, sentimental y vital en general, crisis honda de las democracias, deterioro implacable de la alimentación, la salud y el medio ambiente, definitiva defunción de lo público…

En muchos de estos lúgubres pronósticos indaga el siguiente libro que comentaré: El fin de la clase media, de Esteban Hernández. Sigo preocupado por el futuro…

[1] Quizás porque anteriormente la idea del tiempo era circular, una eterna repetición de estaciones, cosechas, sucesos, festividades…, tal y como explica Mircea Eliade en su libro ya clásico, El mito del eterno retorno.

Jesús Manuel Arroyo Tomé

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5 comentarios en “Futuros

  1. Interesante el tema. Me he acordado de Ortega, que hizo la tesis sobre los terrores del año mil y que, por otra parte, decía que el futuro era la dimensión temporal fundamental en la vida humana. Seguiré tus reseñas con interés. Enhorabuena.

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